La historia

Vista aérea de la TAP
Vista aérea de la TAP

Hacia el 1881, la idea de construir un gran coliseo moderno en la ciudad de Tarragona, comenzó a cuajar en las tertulias del Café Clara de la Rambla Nova. Otras ciudades de Cataluña ya tenían plaza de toros, y estas edificaciones fueron, desde su principio, sedes imprescindibles para la realización de todo tipo de manifestaciones culturales y folclóricas.

A mitad del 1882 se agruparon los accionistas, industriales y otros propietarios de los terrenos de la futura Plaza de Toros y constituyeron la sociedad que haría posible la edificación.

Las gestiones fueron largas. Encontrar  lugar de emplazamiento, consultas municipales, estudios, terrenos, accesos y financiación. El 23 de febrero de 1883 el municipio acuerda conceder el permiso correspondiente.

El Sr. Salas i Ricomà, arquitecto de la plaza, estaba considerado el mejor arquitecto de la época en nuestra ciudad; también fue arquitecto municipal provincial del arzobispado.

Era un gran urbanista y un conocedor muy notable de las nuevas técnicas constructivas.
La construcción de la Plaza de Toros repercutió profundamente en el aspecto  urbanístico de la ciudad. Es una de las primeras grandes obras del Nuevo Modernismo en las comarcas de Tarragona. La Plaza de Toros tiene un sentido eminentemente artístico y arquitectónico.

Se construyó en un espacio despoblado y en buena parte dedicado a cultivos y casas de campo, concretamente el futuro edificio se encontraba sobre lo que había sido el citado fortín o baluarte de Orleáns. Durante el transcurso de las excavaciones se encuentra una columna romana que fue cedida a la Real Sociedad Arqueológica.

La plaza dispone de 3 pisos –los dos superiores cubiertos– y un ruedo de 55 metros; la construcción es de muros de piedra blanca del país y verdugadas de ladrillo rojo; la fachada es de planta poligonal de 48 lados y un diámetro de 95m. Su capacidad es para 17.000 espectadores.

Las obras de construcción finalizaron el 1883, y en el mes de septiembre se inauguró.

En el decurso del tiempo ha padecido diversas reformas estructurales, sobretodo a causa de la adaptación de las normativas de seguridad pública. La Guerra Civil ocasiona daños muy importantes en la Plaza de Toros y fue reconstruida de sus desperfectos en los años 1941-1950.

La Ley 9/1993 de 30 de septiembre de Patrimonio Cultural Catalán la catalogó como bien cultural de interés local.

Desde el año de su construcción hasta hoy, la Plaza de Toros de Tarragona ha sido escenario de espectáculos de toda clase: corridas de toros, circo, teatro, festivales, conciertos, sardanas, cabezudos y manifestaciones folclóricas diversas. Y, cada dos años, es escenario del concurso de Castells.

La Plaza de Toros, a pesar de su gran capacidad de aforo, no tenía suficiente versatilidad en la celebración de espectáculos. Esto era debido a su característica principal: ser un recinto al descubierto. El frío o la lluvia disminuían considerablemente sus posibilidades de uso.

En junio de 2005 la Diputación de Tarragona encarga el proyecto de remodelación y cubrimiento de la plaza de toros, con tal de adaptar el edificio a las necesidades actuales, respetando su arquitectura e historia.

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